La reciente elección de la exnadadora zimbabuense Kirsty Coventry como presidenta del Comité Olímpico Internacional, que se produjo por mayoría absoluta en la asamblea de este organismo celebrada el pasado 20 de marzo, no ha dejado indiferente a nadie. Ya sea por las particularidades de la elegida, ya por la forma contundente en que se impuso a nombres que resonaban en los días previos con más fuerza, como Sebastian Coe o Juan Antonio Samaranch, lo cierto es que el mundo del deporte mira en estos momentos hacia el país africano -y lo hará pronto hacia Lausanne- preguntándose cuáles serán las directrices por las que se conducirá Coventry en el próximo período olímpico.

Quienes conocen los vericuetos del Comité Olímpico Internacional situaron a Coventry, desde el comienzo de la carrera presidencial, como la preferida por el aún presidente Thomas Bach para sucederle. Y así ha sido finalmente, lo que viene a demostrar la evidente ascendencia de Bach sobre los miembros del Comité Olímpico Internacional, que han venido apoyando sin grandes fisuras sus períodos de mandato.

Sin duda, esta elección representa un hito en el organismo supremo de la gestión del deporte olímpico, al ser la primera mujer en situarse al frente del mismo, haciéndolo, además, por mayoría absoluta en primera ronda de votaciones, frente a seis candidatos del nombre y relieve en el ámbito de la gestión deportiva internacional como Samaranch, vicepresidente del organismo -quien a la postre fue el único de los siete candidatos capaz de seguir el alto ritmo de brazadas impuesto por la vencedora-; Coe, presidente de World Athletics, la federación internacional de atletismo; Lappartient, presidente de la Unión Ciclista Internacional; Eliasch, presidente de la federación internacional de esquí; Watanabe, presidente de la federación internacional de gimnasia y Al Hussein, presidente del Comité Olímpico de Jordania.

A partir del momento en que Kirsty Coventry coja oficialmente las riendas del organismo olímpico -lo que sucederá, tras un período de transición de tres meses, el Día Olímpico, es decir, el 23 de junio- se abre lo que se podría calificar de nueva era por los retos a que deberá enfrentarse y por las características propias de la nueva presidencia.

Así, entre esos retos, está el de gestionar la elección de las que deban ser sedes de los Juegos Olímpicos de verano y de invierno desde 2036 en adelante, para los que ya varias ciudades han manifestado en mayor o menor medida su deseo de albergar la competición olímpica. Uno de los grandes logros de la última fase de la presidencia de Bach ha sido precisamente el de aumentar considerablemente el número de ciudades dispuestas a organizar unos Juegos, lo que hace preguntarse sobre la idoneidad del procedimiento “abreviado” que se instauró a esos efectos y que ha venido aplicándose para las designaciones de los Juegos Olímpicos de 2024 en París, de 2028 en Los Ángeles y de 2032 en Brisbane y que, incluso, es el procedimiento que se está siguiendo en las conversaciones informales iniciadas con India a partir de que su Comité Olímpico comunicara oficialmente su interés como futura anfitriona de los Juegos Olímpicos de 2036. Si finalmente se mantuviera el actual procedimiento de designación directa, sin intervención de los miembros del Comité Olímpico Internacional, India tendría mucho terreno avanzado y la diferencia con sus potenciales rivales podría llegar a ser insalvable.

Frente a ello, la que parece ser en estos momentos la tendencia mayoritaria entre los miembros del Comité Olímpico Internacional, quienes apostarían por restaurar, al menos en parte, un sistema de elección que exigiera una mayor involucración de los comités técnicos que desarrollaron sus funciones de análisis y evaluación durante, por ejemplo, los procesos en que Madrid fue ciudad candidata a organizar los Juegos Olímpicos de 2012, 2016 y 2020. En definitiva, varias ciudades aspirando, en igualdad de condiciones, a albergar unos Juegos, sometiéndose al escrutinio de diversos profesionales y miembros del Comité Olímpico, constituidos en comités de evaluación por materias tales como infraestructuras deportivas, alojamientos, redes de comunicación, marketing y otras, quienes emiten su opinión y la someten a la decisión final de los miembros del Comité Olímpico Internacional.

Uno de los aspectos que podría permitir intuir cuál será la línea a seguir por Coventry es el de su nacionalidad, ya que un procedimiento controlado, no abierto a la participación de comisiones evaluadoras y gestionado a través de conversaciones pilotadas por el Comité Ejecutivo del organismo olímpico podría hacer más cercano el que será su deseo de que en el corto o medio plazo un país africano pueda aspirar con garantías de éxito a ser sede de unos Juegos Olímpicos.

En definitiva y en varios sentidos, una nueva etapa para el Comité Olímpico Internacional, en la que Kirsty Coventry tendrá que confirmar la gran personalidad demostrada a lo largo de la carrera a la presidencia y en la que estará observada muy de cerca por los propios miembros del Comité, pero también por otros muchos como los titulares de derechos o las ciudades aspirantes a albergar los Juegos. Coventry tendrá que convencer de que su elección ha sido la idónea, despojándose de la posible influencia de Bach y demostrando sus enormes aptitudes.

Manuel J Martín Domínguez, socio act legal Spain, articulo publicado en Marca.

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